25 Ene 2012 - Peel P50
El verdadero microcar
Junto al Trident está volviendo a ser fabricado, pero sus raíces datan de hace medio siglo. Hoy es expuesto en el museo de Ripley como el auto más pequeño del mundo.

El Peel P50 es una de las atracciones del Museo de Ripley.

Todo el mundo conoce a la británica isla de Man por la tradicional carrera de motocicletas que allí se celebra anualmente. Pero ese pequeño territorio de 572 kilómetros cuadrados situado en medio del mar de Irlanda también es célebre por Peel.

 

Originalmente un fabricante de embarcaciones de fibra de vidrio y carenados de moto, en 1962 Peel comenzó a construir automóviles. Lo hizo primero con el Manxcar y siguió con el P50 y el Trident, los dos que ahora están volviendo a vivir (ver nota relacionada).

 

El microcar de tres ruedas denominado P50 fue fabricado entre 1962 y 1965, habiéndose vendido 50 unidades. Diseñado como un auto citadino, era promocionado como capaz de sentar a un adulto y una bolsa de compras.

 

Su única puerta estaba en el costado izquierdo y su equipamiento constaba de apenas un limpiaparabrisas y una sola luz delantera. Su precio era bien acorde a su tamaño y austeridad: 199 libras esterlinas.

 

Por su parte, el Trident original fue producido en 1965 y 1966. Era algo más largo que el P50, solamente 82 unidades vieron la luz. Primeramente venía con el motor de 49 cc, pero luego hubo una versión de 99 cc, y también existió un eléctrico con tracción en las cuatro ruedas.

 

La compañía cesó sus actividades en los años setenta, pero unos 20 modelos sobrevivieron hasta la actualidad. Décadas después, y durante una subasta, un entusiasta de los automóviles llamado Gary Hillman vio un ejemplar y quedó tan deslumbrado que decidió relanzar la marca a partir de su inventor original, Cyril Cannell.

 

Para lograr su cometido, Hillman buscó un socio para llevar a cabo el proyecto. Lo encontró en Faizal Khan, y juntos comenzaron a producir las versiones modernas del P50 y del Trident, ahora con motorización eléctrica, bien acorde a los estándares ecológicos actuales.

 

Luego se sumó un tercer socio, de nombre James Caan, que a cambio de las 80 mil libras esterlinas aportadas exigió que al 30% de las acciones acordadas se le sume también el derecho a quedarse con dos Peel, uno de cada modelo. Más allá del negocio, lo que lo desvelaba era también poseer sus propios ejemplares.

 

La rejuvenecida compañía quiere hacer todo el ruido posible en su regreso a la escena automotriz. Por eso el plan es producir también gran variedad de productos de merchandising que puedan también ser comprados por los admiradores de un auto creciente en popularidad.

 

Es una marca particular que tiene su historia y que ahora quiere reinventarse después de 50 años. El producto que ofrece es por demás especial. La pregunta es cuántas unidades Peel logrará finalmente vender.

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